Pintor · Marruecos
Farid Belkahia
Farid Belkahia (1934–2014) fue un artista marroquí y uno de los fundadores del modernismo marroquí. Como director de la Escuela de Bellas Artes de Casablanca de 1962 a 1974 la convirtió en un centro de experimentación, y desde los años setenta pintó sobre cuero tensado con alheña y pigmentos naturales, con signos tomados de las tradiciones visuales amazigh y árabes.
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Formación en el extranjero
Farid Belkahia nació en Marrakech en 1934. Estudió en la École des Beaux-Arts de París en los años cincuenta (las fuentes dan 1954 o 1955 a 1959), luego escenografía en el instituto de teatro de Praga de 1959 a 1962, y más tarde en la Academia de Brera de Milán en 1965–1966. Europa le dio técnica; también lo convenció de que los artistas marroquíes necesitaban algo distinto de la pintura europea sobre lienzo.
Dirigir la escuela de Casablanca
En 1962, con veintiocho años, Belkahia fue nombrado director de la École des Beaux-Arts de Casablanca, cargo que ocupó hasta 1974. Incorporó a los pintores Mohamed Melehi y Mohamed Chabâa y a los historiadores del arte Toni Maraini y Bert Flint; la Tate fecha sus llegadas en 1964 (Melehi y Maraini), 1965 (Flint) y 1966 (Chabâa), mientras que un catálogo francés dice que los cuatro llegaron en 1964. Maraini ideó el primer curso de historia del arte moderno de Marruecos, y Flint, antropólogo, impartía clases sobre el patrimonio árabe, amazigh, islámico y mediterráneo. Juntos reconstruyeron la enseñanza en torno a las artes propias de Marruecos —alfombras, joyas, cerámica, madera pintada, caligrafía y arquitectura— tratándolas como recursos modernos y no como folclore.
Es lo que llegó a conocerse como la Escuela de Casablanca. Belkahia y sus colegas sacaron su trabajo de las galerías con Présence plastique, exposiciones al aire libre en la plaza Jemaa el-Fna de Marrakech y en la plaza 18 de Noviembre de Casablanca.
Cobre y cuero
A principios de los años sesenta, Belkahia abandonó la pintura al óleo y el caballete y trabajó sobre todo grandes piezas de cobre martillado. A partir de mediados de los setenta se volcó en el material por el que es más conocido: la piel animal, tratada con técnicas tradicionales y tensada sobre soportes de madera con forma —círculos, arcos, formas irregulares— y luego coloreada con alheña y otros tintes naturales.
Las superficies llevan signos: símbolos tomados de la escritura y el tatuaje amazigh (bereber), letras árabes, manos, ojos y cuerpos. La alheña, que en Marruecos marca en la piel bodas y celebraciones, marca aquí una piel de otro tipo.
Cómo mirar un Belkahia: mire el borde del cuero, donde se tensó la piel y la forma la sigue, y luego el color, que se hunde en la superficie en lugar de posarse sobre ella. Los signos están colocados como marcas en un cuerpo: una mano, un ojo, una línea de tatuaje. Esta lectura es propia de este sitio.
Legado
Belkahia demostró que se podía hacer arte moderno con los materiales y los signos del norte de África sin nostalgia. Exposiciones recientes de la escuela de arte de Casablanca en Europa han llevado su obra y la de sus colegas a nuevos públicos. La Fundación Farid Belkahia de Marrakech, que gestiona su legado, tituló una exposición de 2017 sobre sus años en la escuela Farid Belkahia et l'École des Beaux-Arts de Casablanca 1962–1974. Murió en Marrakech el 25 de septiembre de 2014.
Dónde ver la obra
La Tate, el Mathaf de Doha y la Barjeel Art Foundation tienen páginas sobre él; la Fundación Farid Belkahia de Marrakech es el principal lugar donde preguntar por su obra y su archivo, y el Mathaf presentó Farid Belkahia et l'École des Beaux-Arts de Casablanca, 1962–1974 en 2018–2019. En 2023 la Tate St Ives presentó la primera gran exposición museística de la escuela de arte de Casablanca. Pregunte a cada institución qué obras están expuestas.
Artistas y música relacionados
El uso de la escritura y el símbolo de Belkahia tiene un paralelo cercano en la obra caligráfica de Ibrahim El-Salahi y la Escuela de Jartum. Entre los pintores que incorporó a la escuela estaba Mohamed Hamidi; para una pintora marroquí que siguió su propio camino, vea a Chaïbia Talal, y para otra modernista del Magreb, a la pintora argelina Baya. Para el sonido de las plazas de Marrakech, lea sobre el gnawa.